SÉPTIMA TEMPORADA
PRIMER CAPÍTULO
Alfonso Ugarte
“Tenemos, pues, que cumplir con el deber del honor defendiendo esta plaza hasta que nos la arranque a la fuerza”.
Alfonso Ugarte en Arica, el 1 de junio de 1880.
Hola. Te saluda Luis Enrique Cam
Juan Alfonso Ugarte Vernal nació en Iquique el 13 de julio de 1847 y murió en la plenitud de su juventud sin cumplir los 33 años de edad. De carácter bondadoso, esforzado y emprendedor, perteneció a una familia acaudalada de Tarapacá y se educó en prestigiosos colegios de Valparaíso y Europa. Hablaba el francés fluido. Llego hacer un próspero empresario que expandió la fortuna familiar con inversiones en la agricultura, el comercio y en la explotación del salitre. De espíritu servicial, muy bien considerado por sus trabajadores, fue fundador de la compañía de bomberos de Iquique y elegido alcalde de la ciudad en 1876. También fue miembro de distintas organizaciones de caridad.
Con un compromiso próximo de matrimonio y a punto de viajar a Europa para cerrar un importante negocio recibió, como todos los peruanos, el desgraciado anuncio del 5 de abril de 1879.
Fermín: - La prensa señor Ugarte.
Ugarte: - Gracias Fermín.
Fermín: - Muy malas noticias señor.
Timotea: - ¿Qué sucede Alfonso?
Ugarte: - Lo que todos queríamos evitar Timotea. Nuestra misión diplomática fracasó en Santiago. Chile nos acaba de declarar la guerra.
Timotea: ¡Ah! ¿Qué pasará ahora?
Ugarte: Chile ya despojó a Bolivia de Antofagasta desde febrero, ahora vendrá por estos territorios del sur. Eso es indiscutible. Lo que realmente les interesa es la posesión del salitre.
Timotea: Justo cuando estás a punto de viajar a Paris y …nuestros planes de boda…
Ugarte: A muchas cosas habrá que renunciar querida Timotea en estos aciagos momentos…. Hoy más que nunca la patria nos necesita… tendremos que empezar a organizar la defensa de esta provincia.
Alfonso Ugarte fue el primero en encabezar la suscripción para los gastos de la guerra con la suma de diez mil soles, imponiéndose además el compromiso de dar mil soles mensualmente para el sostenimiento de las tropas. Además, organizó y equipó de su propio patrimonio el batallón de infantería “Iquique” compuesto de 400 plazas de guardias nacionales, con trabajadores del puerto y agricultores. A cada soldado lo dotó de uniforme y armamento.
Ugarte, fue el civil que no dudó en tomar las armas, para defender al país frente a la invasión extranjera. Suspendió su planificado viaje y decidió aplazar su boda por lo incierto de las circunstancias. Con el desembarco del ejército chileno en Pisagua y con un inminente ataque al puerto de Iquique, escribió de puño y letra su testamento ante notario y con la presencia de siete testigos:
“ En Iquique, a los cuatro días del mes de noviembre de 1879, yo, el abajo suscrito Alfonso Ugarte, hago mi primero y quizás último testamento con motivo de encontrarme de Coronel del batallón "Iquique" de la Guardia Nacional y tener que afrontar el peligro contra los ejércitos chilenos que hoy invaden el santo suelo de mi Patria y a cuya defensa voy dispuesto a perder mi vida con la fuerza de mi mando.- Declaro que soy cristiano, que profeso y creo en la Religión Católica y que vivo y muero en tal creencia. Después de la muerte de mi legítimo padre, mi madre doña Rosa Vernal, casó, por segunda vez, con Jorge Hillinger. Que de este último matrimonio existe una hija llamada Luisa Hillinger, a la que reconozco como mi hermana legítima de madre. Declaro que soy soltero, y que no tengo hijo alguno. Dejo todos mis bienes a mi madre. A mi hermana Isabel Ugarte un legado de 150 mil soles y a mi hermana Luisa Hillinger otro de 50 mil. Para Timotea Vernal 15 mil soles porque le prometí casarme con ella y el tiempo no ha permitido efectuarlo como ella lo tenía resuelto. Dejo a la Beneficencia de Iquique cuatro mil soles para el hospital. Dejo a los pobres de Tarapacá tres mil soles que lo repartirá mi madre. Dejo a mi primo Juan Vernal Castro mi caballo blanco. Si en algo soy injusto aquí; si he olvidado algún deber, suplico a todos me perdonen, pues en los momentos en que escribo esto me encuentro apurado, con mis deberes militares y del negocio y mi ánimo completamente aniquilado al pensar en que puedo desaparecer en esta campaña y abandonar a mi madre y mis hermanas que necesitan mi apoyo.
Firma Alfonso Ugarte.
Comandando con el ejemplo, durante la campaña del sur padeció hambre y sed al igual que sus soldados. Soportó el asfixiante calor del día y el frío glacial durante las marchas nocturnas por el desierto. Luchó al lado de sus tropas de la Guardia Nacional en las batallas de San Francisco y en la de Tarapacá donde resultó herido en la cabeza.
Ugarte: - ¡Soldados Adelante! ¡Seguidme! ¡Nutrido fuego de fusilería! ¡Ah!
Meléndez. - ¡Mi coronel! ¡Soldado! ¡Soldado! ¡Ayúdame a retirar a mi coronel!
Ugarte: - ¡No Meléndez! Déjame aquí. Solo ayúdame a vendar la herida con mi pañuelo.
Meléndez: - Sigan adelante soldados.
Tarapacá fue un triunfo de las armas peruanas. Sin embargo, por la falta de municiones y pertrechos y encontrándose en una situación aislada el ejército peruano se vio forzado a replegarse hacia el norte.
La misma noche de la batalla, emprendieron la marcha hacia Arica. Muchos soldados por la refriega iban descalzos y sin la ropa adecuada para soportar los rigores de la puna.
Agotados y desfallecidos por el esfuerzo de 21 días de infausto viaje, las tropas peruanas arribaron finalmente al puerto de Arica.
Ugarte, lastimado y enfermo de paludismo rehusó ir a curarse a Arequipa, como se lo había sugerido el comando superior y optó por quedarse en la guarnición de la ciudad.
Internado en el hospital San Juan de Dios, con escases de medicinas a causa del bloqueo chileno, Alfonso Ugarte pudo recuperar la salud y ponerse al servicio del jefe de la plaza de Arica, el valeroso coronel Francisco Bolognesi.
Con la derrota del ejército aliado peruano-boliviano en la batalla de Tacna el 26 de mayo de 1880, el ejército invasor chileno procedió a asediar el puerto de Arica.
El 1 de junio Alfonso Ugarte le escribe una carta a su primo Fermín Vernal:
Querido Primo:
“Aquí, en Arica tenemos solamente dos divisiones de nacionales defendiendo este punto, y aun cuando somos tan pocos, no podemos hacer lo de Iquique, abandonar el puerto y entregarlo, porque este es puerto artillado y tiene elementos de posiciones de defensa. Tenemos, pues, que cumplir con el deber del honor defendiendo esta plaza hasta que nos la arranque a la fuerza. Ese es nuestro deber y así lo exige el honor nacional.
Estamos pues esperando ser atacados por mar y tierra. Dios sabe lo que resultará, así que te puedes imaginar mi triste situación. Sin embargo, es preciso resistir hasta el último y te puedo asegurar, también, que con las posiciones que ocupamos en el morro, los cañones de grueso calibre y las minas que tenemos preparadas, les costará muchas vidas a los chilenos reducirnos y quitarnos esta plaza. Estamos resueltos a resistir con toda la seguridad de ser vencidos, pero es preciso cumplir con el honor y el deber. Quizás la suerte nos favorezca y lleguen con tiempo los refuerzos que esperamos de Arequipa y que podamos así, recuperar este Departamento, que lo tenemos ya perdido. Montero lo ha hecho peor que Buendía, porque hasta la fecha no se ha acordado de Arica y sus compañeros que deja sitiados por mar y tierra. Que desesperante es mi situación, pero no por eso me doy por vencido, sino que, por el contrario, debo hacer mayores esfuerzos en defensa de la honra nacional.
Presente en el llamado ¨Juramento de los Héroes¨, en el que los oficiales de la guarnición se comprometieron a defender la Bandera hasta morir, estuvo también junto a Bolognesi aquel 5 de junio, cuando el viejo coronel diera la sublime respuesta al parlamentario chileno José de la Cruz Salvo al proponerle éste la rendición de la plaza:
- ¨Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho¨.
Francisco Bolognesi envío más de ocho telegramas y mensajeros pidiendo instrucciones y auxilios al coronel Leyva y al general Montero, pero no obtuvo respuesta. La suerte de los defensores de Arica estaba echada.
Alfonso Ugarte batalló hasta el extremo de sus fuerzas aquel glorioso 7 de junio de 1880 cuando la plaza de Arica defendida por 1300 hombres, fue asaltada por un ejército 4 veces superior en soldados y elementos de combate.
En la cima del morro los parapetos peruanos fueron superados uno a uno. La defensa final, cuerpo a cuerpo, fue feroz y sangrienta. Desde allí el joven coronel dio el salto a la inmortalidad.
El cadáver de Alfonso Ugarte fue hallado entre las rocas al pie del Morro días después de la hecatombe. Así fue consignado por el párroco de Arica quien le dio sepultura en el cementerio local.
Diez años después, en julio de 1890, los restos de Alfonso Ugarte fueron trasladados a Lima con los máximos honores militares. Actualmente se encuentran en la Cripta de los Héroes del cementerio Presbítero Matías Maestro.
El heroísmo de Alfonso Ugarte es recordado en calles, plazas y avenidas como símbolo de la juventud peruana de amor a la patria y desprendimiento hasta el sacrificio.
Soy Luis Enrique Cam y esto fue Dicho en el Perú. Escucha otros episodios en www.dichoenelperu.pe o síguenos en nuestros canales de Spotify y Youtube.
“Tenemos, pues, que cumplir con el deber del honor defendiendo esta plaza hasta que nos la arranque a la fuerza”.
FIN
Dirección y guion
Luis Enrique Cam
Caracterizaciones
Cristóbal Paz
Oswaldo Álvarez
Edición y musicalización
Cristóbal Paz
Bibliografía
BASADRE, J. (1981) Peruanos del siglo XIX. Ediciones Rikchay Perú, Lima.
COMISIÓN PERMANENTE DE HISTORIA DEL EJÉRCITO (1980) La epopeya del Morro de Arica. 7 de junio de 1880. Ejército del Perú, Lima.
PONZ MUZZO, G. (2017) El Coronel Francisco Bolognesi y el expansionismo chileno. Fondo Editorial del Congreso del Perú, Lima.
ZANUTELLI, M. (2018) Alfonso Ugarte y la defensa de Arica. Colección Héroes del Perú. Telefónica, Lima.